Una
explosión de grisú de origen desconocido mata a 14 mineros en Mieres – 1/9/1995
Una
explosión de grisú provocó la mayor tragedia en la historia de Hunosa. Catorce
mineros que, hacia las tres de la madrugada, trabajaban a más de cuatrocientos
metros de profundidad en el pozo «San Nicolás», o «Nicolasa», en Ablaña
(Mieres), perdieron la vida. El Hospitalillo de Hunosa sirvió de capilla
ardiente a la que fueron llegando los familiares de las víctimas en medio de
escenas de dolor. El Gobierno del Principado ha decretado tres días de luto.
Los sindicatos han convocado paro general en la minería. La comarca del Caudal
se paralizará hoy en señal de duelo. El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón,
asistirá mañana al funeral por las víctimas en la catedral de Oviedo. Los
fallecidos son diez mineros de la empresa hullera y cuatro checos de una
subcontrata Otros tres trabajadores, uno de ellos herido, lograron escápar del lugar
del accidente Ablaña (Mieres).
El
grisú convirtió ayer al relevo de la noche en el pozo «San Nicolás» en un
equipo que los mineros no podrán olvidar nunca. Una explosión de gas, a más de
cuatrocientos metros de profundidad, al encontrar una bolsa de grisú, mató a
catorce trabajadores, diez de ellos de Hunosa y cuatro checos, de la empresa
Satra, subcontratada por la compañía estatal minera. Un terrible balance para
el más trágico accidente minero en la historia de Hunosa, sin precedente en el
último medio siglo en las minas asturianas. A las tres de la mañana, en los
subniveles de la capa 8 (pozo número 84 de la explotación) trabajaba un equipo
de preparación, el formado por los diez mineros de Hunosa fallecidos y otros
tres que lograron salvar sus vidas. A unas decenas de metros, en la quinta
planta, el grupo de los cuatro checos avanzaba el frente de una galería con un
minador, máquina de tecnología alemana. Unos minutos después de las tres de la
madrugada, cuando algunos, como el superviviente Angel Zabala Pastor, empezaban
a comer el bocadillo, el estallido de una fortísima concentración de grisú
convirtió una parte de los subniveles y de la galería en un infierno de fuego y
monóxido de carbono. . La enorme llamarada y el aire envenenado provocaron la
muerte prácticamente en el acto de Eugenio Martín Curieses, Francisco Javier
González Merino, José Ignacio del Campo Bernardo, Juan Manuel Alvarez
Fernández, Eduardo Augusto Alves, Elías Otero Fernández, Manuel Angel Fernández
Bueno, Anatolio Lorenzo Pedrosa, Luis Antonio Espeso Mencía, Viastimil Havlik,
Miroslav Divoky, Micha! Klenot
Jesús
Trapiella trató de salir hacia arriba, por la cuarta planta, y no lo consiguió.
También Eduardo Augusto Alves intentó escapar del infiérno, pero le fallaron
las fuerzas, según el relato de Víctor Alvarez, uno de los supervivientes. El
grisú fue la causa, pero se sabe poco más de lo que ocurrió exactamente.
El
director de explotación de Hunosa, Ramón Madera, reconoció que la empresa
ignoraba, nueve horas después del suceso, qué pudo provocar la explosión y en
qué lugar preciso. Se cree que se originó en un punto aún indeterminado de la
quinta galería y el calor y polvillo penetraron en los subniveles. Angel Zabala
se aplicó su autorrescatador (mascarilla’ con oxígeno) y eludió el monóxido de
carbono. Lo consiguieron así mismo José Víctor Alvarez Villanueva, que pudo
salir por su pie de la mina, y Francisco Fernández, que había dejado la zona
unos minutos para buscar unos materiales.