14 los lugares que un visitante no se puede perder de la costa asturiana segun National Geographic

 

Estos  son 14 los lugares que un visitante no se puede perder en su reportaje AsturiaspPara la prestigiosa revista National Geographic No están todos, por supuesto. Para un asturiano faltarán, desde luego, muchos de los puntos más interesantes del litoral del Principado.

 

1. Mirador de Pimiango

Una espectacular foto aérea abre la selección desde el punto más oriental de Asturias, el mirador de Pimiango «indispensable para contemplar el faro atrapado entre un  mar de encinas, al borde de unos acantilados de vértigo».

2. Llanes
El casco antiguo y el puerto de Llanes son la segunda parada obligada, según la revista. La herencia medieval y el legado indiano son sus puntos fuertes.

3. Gulpiyuri
No podía faltar una de las playas más fotogénicas y originales de Asturias, rodeada por verdes prados en marea baja. También menciona los bufones de Pría en esta parada.

4. Ribadesella
La ciudad oriental con su famoso descenso figura, junto a la cueva de Tito Bustillo, entre los must de la revista.

5. La huella prehistórica
Las huellas de dinosaurios en las playas entre Ribadesella y Villaviciosa llaman sin duda la atención del turista. La recomendación del museo Jurásico con su original forma y espectaculares vistas no puede faltar.

6. Lastres
Para Lastres abundan los elogios, lo mismo que para Tazones, aunque hay una no tan pequeña confusión en el texto entre esta última localidad y Llanes.

 7. Gijón
La gran ciudad se topa en el camino del visitante como un punto de referencia que no se puede sortear. Recomienda la revista visitar las ruinas romanas, el barrio de Cimadevilla, la Universidad Laboral y, por supuesto, los bares, terrazas, sidrerías y merenderos de la villa de Jovellanos, una «ciudad caleidoscópica».

8. Cabo Peñas
Las espectaculares vistas del punto «más emblemático de la costa» asturiana, con su faro y sus «impresionantes» acantilados lo colocan como otra parada obligada en el camino.

9. Tesoros de Avilés
El Centro Niemeyer actúa como gancho de la cuna del Adelantado de la Florida para visitar un casco antiguo con «edificios de gran valor». También recomienda «A quien le guste el dulce, no podrá resistirse a probar el bollo de Pascua, un bizcocho mantecado, o las pumariegas de Avilés, unos pastelitos de almendra».

10. Costa del Nalón
Menos manido en las referencias viajeras es la recomendación de visitar lugares tan especiales como el playón de Bayas, los Quebrantos o el estuario del río, con mención especial a San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena.

11. Cudillero
No podía faltar el que llama «anfiteatro de Asturias», desde luego, con sus pintorescas casas encaramadas al monte. El cabo Vidio es otra recomendación como «un lugar a la vez amable y esquivo».

12. Playas de occidente
Otra foto espectacular es el reclamo de las playas del Silencio o La Conchona, «una meca para fotógrafos y amantes de la naturaleza». La villa de Luarca también aparece en ese mapa particular.

13. Tapia y Barayo
La reserva de Barayo, con sus 2.500 hectáreas, sus dunas y marismas, son junto a Tapia de Casariego la penúltima parada del periplo.

14. Castropol
Es, según el reportaje, la «guinda del pastel» de un trayecto de extremo a extremo de la costa asturiana. «Castropol también ha sabido acomodarse al viajero actual con una excelente gama de alojamientos y restaurantes que ofrecen, por supuesto, ostras del Eo, cultivadas en la ría y que gozan de una gran fama», asegura.

 

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/asturias/2021/07/08/14-puntos-imprescindibles-costa-asturiana-segun-national-geographic/00031625743804726123212.htm

Recorrido Magico por algunas cascadas de Asturias


N'Asturies cuntamos colos meyores escenarios para practicar senderismo y tou tipu de deportes de monte, tamién con paisaxes protexíos, parques naturales y nacionales y un gran númberu de rutes de monte y siendes. Pero nesta ocasión quixímos dar protagonismu a l'agua, otru de los elementos que siempres ta bien presente nesti territoriu.
Esta vegada convidámoste a percorrer con nós estes paraxes de gran guapura, onde l'agua lleva tol protagonismu. Te proponemos un percorríu máxicu por delles de les cascaes más guapes de la xeografía asturiana ¿Acompáñesnos?

 

Cascada de Xurbeo

Si lo que buscas es una ruta corta, fácil, rodeada de bonitos paisajes y con una de las cascadas más bellas de Asturias, te aconsejamos que te acerques al concejo de Aller para contemplar la Cascada de Xurbeo. Para llegar a este imponente salto de agua, simplemente tendremos que empezar la ruta que parte desde la localidad de Murias, allí encontraremos un cartel indicativo que nos señala el comienzo de la ruta que nos conducirá al Cauce del Río Negro. Después siguiendo la senda, entre bosques autóctonos y después de andar apenas 1 km, comenzaremos a escuchar el fragor de esta cascada. Un salto de agua casi hipnótico que se precipita desde unos 20 metros de altura y que podremos observar más de cerca y con seguridad a través de un cómodo puente de madera.

 

Cascada de Guanga

Esta cascada es la evidencia de que a veces no hace falta viajar muy lejos para encontrar auténticos tesoros de la naturaleza. Y es que esta ruta a las Cascadas de Guanga o Buanga, de apenas 3,5 km (ida y vuelta), nos conducirá hasta uno de los saltos de agua más cercanos a Oviedo y que se encuentra cerca de la Senda del Oso. El inicio y el final de esta ruta lo encontramos en San Andrés de Trubia, a la entrada de este pueblo dejaremos aparcado el coche y cerca de él encontraremos el antiguo lavadero, lugar por el que comienza esta ruta. Un recorrido breve, pero con bastante pendiente, así que también resultará intenso, pero lo podremos realizar con conocimientos básicos de senderismo, teniendo especial cuidado de no resbalar por la humedad y sin salirse del sendero señalizado. Entre castañares, abedules, fallas y avellanos, accederemos por esta senda a las ruinas del molin una vez las pasemos nos encontraremos la gran cascada que se desprende de la roca con varios chorros que se precipitan sobre el entorno. Un lugar mágico en el que el sonido del agua es el gran protagonista.

Cascada de Seimeira

Esta ruta de unos 3,5 km que transcurre entre entre las localidades de Santalla/Santa Eulalia de Oscos y Pumares, nos llevará por un camino a pie de río y entre abundante vegetación a otra cascada de gran belleza: la Cascada de Seimeira. Pero por el camino también nos toparemos con el abandonado pueblo de A Ancadeira por el que cruzaremos o el Valle del Desterrado con historia incluida que podremos conocer en plena ruta. Y como sorpresa final la Cascada de Seimeira, un salto de agua de 20 o 30 metros de altura que se precipita sobre la roca. Todo un espectáculo de la naturaleza digno de contemplar.

La Cascada de la Salgueira

En plena Reserva de la Biosfera de Asturias de Oscos-Eo y en plena ruta del Agua en Taramundi podremos encontrar esta bonita cascada tan representativa del occidente asturiano. Para llegar a ella solo tendremos que realizar un cómodo recorrido circular de poco más de 13 km, en el que además seremos testigos de la importancia del aprovechamiento hidráulico, también disfrutaremos de frondosos bosques de castaños y robles que acompaña esta ruta y de preciosas cascadas como la de Salgueira. La de Salgueira en concreto, es una caída de agua de unos 50 metros que no te dejará indiferente. Después de refrescarte un rato, podrás seguir la ruta hacia el pintoresco pueblo de Esquios y después aún te quedarán dos aldeas de ensueño más antes de terminar: As Veigas y Os Teixois.

 

Cascada Tabayón de Mongayo

En pleno Parque Natural de Redes y próximo al pueblo de Tarna (concejo de Caso), encontraremos esta ruta circular de 11,7 km que nos conducirá hasta esta otra cascada. Una ruta que iniciaremos desde el mismo pueblo de Tarma y que recorreremos disfrutando de bonitos bosques de hayas, abedules o robles centenarios y hasta llegar a los pies de este imponente salto de agua de 60 metros de altura, que encontraremos en medio de la montaña.

Cascadas de Oneta

Estas cascadas las encontraremos en el concejo de Villayón, otro mágico rincón del occidente asturiano. Para llegar a ellas partiremos desde el extremo sudoeste de la localidad de Oneta. Un paseo de 1,5 km que nos llevará hasta las cascadas del mismo nombre situadas muy cerca del pueblo y que están compuestas por un conjunto de tres saltos de agua escalonados en pocos metros y que dibujan un paisaje de pozas y de vegetación. El primero de ellos y sin duda el más imponente es de la cascada de Firbia, por debajo de ella encontraremos dos cascadas de menor altura pero igual de bellas que son: la Ulloa y la Maseirua.


Detalles a tener en cuenta si vas a veranear en Asturias

Si bien los asturianos apreciamos a los turistas, aconsejamos simplemente seguir estas normas básicas de comportamiento para disfrutar del paraíso natural:

1. No digas que se está bien con el fresquito. Si tú, español al sur del Negrón, has tenido la suerte de disfrutar de esas estaciones conocidas como primavera y verano, no le menciones a un asturiano el alivio que supone ir a un sitio en el que no para de llover y hace fresco en agosto. No encontrarás comprensión en la mirada de tu interlocutor, sino odio acumulado por once meses y medio en remojo.

2. Si, por el contrario, no haces más que quejarte del tiempo, tampoco hallarás empatía. El orbayu asturiano es como los hermanos: si es sangre de tu sangre, hay libertad para meterse con él, si no, te aguantas. A ver si te crees que el “verde lujurioso” de nuestras montañas es gratuito.

3. En Asturias, como en todo el norte y, en general, los sitios donde el tiempo es gris, se come mucho. Dicho esto, plantéate cuando veas en la carta el Menú Autóctono el hecho de que la fabada era un plato que se comía antes de ir a trabajar la tierra, y después calcula si el día tiene suficientes horas para quemar ese potaje, los escalopines al cabrales y el arroz con leche que te oferta el restaurante en cuestión. Si no te salen las cuentas, cíñete a un plato. Tus compañeros de viaje te lo agradecerán.

4. Llamar a las fabas “alubias” es motivo de expulsión urgente de la comunidad autónoma.

5. Un cachopo tampoco es un San Jacobo, sino una gloria culinaria que parece la pesadilla de los veganos pero que, en el fondo, es la mayor delicia cárnica del universo, con ternera rellena de jamón y queso y bien rebozada. La mayoría de los asturianos piden el cachopo para compartir aunque te hagan creer que son raciones individuales. Así que no vayas tú, de subpajariano y gallu, y pretendas comerte uno sólo.

6. Un gallu asturiano ye uno que va de grandón y no llega a chachi, que se decía antes. Un presumido. Un fanfarrón. Un gallu, vamos.

7. Hablando de gallos, ¿habéis oído hablar de las sendas y las rutas? Tenemos muchas: la senda del Oso, la ruta de las Xanas, el Cares… Están señalizadas por varios motivos. Uno de ellos, que todos los veranos hay que rescatar a varios subpajarianos que creen que el camino es meramente orientativo y acaban perdidos por el monte. Si no lo digo por nosotros, sino por vuestro bien, que los helicópteros se cotizan caros hoy en día.

8. Sí, sabemos que nuestro himno es la canción de los borrachos y no nos importa, porque sobrios o brios lo entonamos con el corazón. Para chulos nosotros, que ahí estaban las peticiones multitudinarias (y algo adolescentes, lo confesamos) de hace unos años que pretendían cambiar ese himno ya universal por una canción de Melendi, la que dice “tenemos los cojones de un tamaño que va acorde con el de nuestro corazón”. Melendi pasando por encima del poema de Pedro Garfias que musicalizó Víctor Manuel en su “Asturias, si yo pudiera…” con voz entrecortada. Sí, Melendi, el que hizo volver al avión transoceánico tras montarse una juerga en primera clase. Sí, Melendi, el que ahora le ha dado nombre a otra aeronave. El mismo.

9. Hablando de Melendi, últimamente tenemos una cantidad de cromos de asturianos ilustres que no nos caben en la cartera. Menciónalos y gánate un culín de sidra. Ahí está Fernando Alonso, que hizo que nos bañásemos de felicidad en la fuente de Oviedo cuando ganó el primer campeonato de Fórmula 1, a pesar de que la mayoría de los asturianos no hubiésemos visto carreras de coches en nuestras vidas. También están los futbolistas: VillaVillaMaravilla, Cazorlita, Mata, Adri y Michu. Todos asturianos. Y la reina, claro. Atrás quedan los tiempos en los que sólo se nos conocía por ser la mitad de Amistades Peligrosas gracias a Cristina del Valle.

10. En Asturias hay un millón de habitantes. No, no conozco a Fernando Alonso.

11. De hecho hemos visto más veces a Woody Allen atravesado por Asturias que al piloto.

12. Y una vez nos despertamos con Brad Pitt paseando por Avilés. Asturias mola.

13. La otra mitad del dúo que amenazaba con meternos mano era gallega, Alberto Comesaña. Como reza el dicho, “gallegos y asturianos, primos hermanos”. Los norteños lo sabemos, los de las compañías de transporte no lo deben tener tan claro a juzgar por los años de vida que se pierden intentando ir de Oviedo a Santiago de Compostela. Si el tiempo es una conversación tremendamente socorrida por esos lares, las comunicaciones componen la otra. Moraleja: coche.

14. No, nuestro acento no es gallego. No, no intentes imitarlo, nunca sale.

15. No hay pueblo más nacionalista en España que el asturiano, aunque se crea otra cosa. Pon la tele, un evento deportivo cualquiera. ¿Ves una bandera azul con una cruz amarilla en el medio? ¿A que sí? Cualquier manifestación, habitación de estudiante Erasmus o celebración que se precie tiene que contener esa estampa. Ya sabéis el otro dicho: “Asturias es España, y lo demás tierra conquistada”.

16. Por lo visto la conquistó el rey Pelayo a pedradas. O no, la verdad es que nos da igual. La leyenda urbana nos encanta y que no venga nadie a tirarla por tierra. Tenemos fama (injusta) de brutos, pero fue el italiano el que le rompió la nariz a Luis Enrique y no al revés.

17. Las fiestas de prao son la celebración asturiana del verano por excelencia. Como su propio nombre indica, tienen lugar en un prao (mucho césped junto) al que la gente va con comida de toda la vida (carne empanada, tortilla, bocadillos…), sidra y no, nada de fabada. Qué manía.

18. Hablando de la sidra, varios apuntes.

·         Beberte una botella de sidra y seguir en pie no te hace un superhombre, sino normal. La sidra se bebe básicamente por botellas.
·         Con la sidra se come. Conviene no tomarla sola porque después de un rato se sube a la cabeza y, otra pieza de información importante, la sidra da la peor resaca de la historia del Principado.
·         La sidra se mea. Si no sale de tu organismo en un tiempo razonable, échate a temblar.
·         La sidra no se mezcla. Ver el punto de la resaca y sumarlo a todos los licores que vas a tomar tras acabar el zumo de manzana con alcohol. ¿A que ya no estamos en edad?
·         La sidra se escancia, no se tira. Es decir, si no eres capaz de romperla como Dios manda (y no sólo los subpajarianos son culpables de esto), es mejor usar tapones de ayuda o, en su defecto, a Isidrín. Que no te dé vergüenza, que no pasa nada.
·         La sidra se sirve en culines, no copas ni pintas. El propósito es que te lo bebas todo nada más esté en el vaso. Si pretendes tomarla a sorbitos, pide vino.
·         Que no te engañen, como pasa en la capital (de la tierra conquistada). Una botella de sidra de tres euros es cara.
·         Y NO, la sidra no es sidriña. Nunca.

19. Tenemos las playas más bonitas del mundo, tal cual. Que no podamos disfrutarlas mucho es otro asunto. Por eso, cuando hace sol corremos al litoral a embadurnarnos de arena y bañarnos en el agua. El Cantábrico no está frío. El mar en Escocia está frío. Las Rías Altas gallegas están frías. El Cantábrico es sopa mediterránea al lado de ambos.

20. El asturiano en el agua te pedirá que “no le chisques” y te sugerirá que, para quedar de noche a tomar algo, te pases por su casa “y le piques”. No te está proponiendo planes sexuales norteños. Te amenaza con que no le salpiques y te sugiere que, cuando estés listo, llames al timbre de su hogar. Te gustaba más la opción enigmática, ¿a que sí?


21. Y seamos católicos, judíos, ateos o musulmanes, la Santina está por encima de todo y cuida de nosotros en la carretera. Meterse con Covadonga también tiene peligro de expulsión del Reino.

De turismo por les cuenques

  LA VOZ DE ASTURIAS
Hubo un tiempo en que el carbón teñía las cuencas mineras, un tiempo en el que el polvo negro y fino impedía ver muchas de las maravillas que en forma de iglesia, torre, castillo, casa, palacio o paisaje se escondían en las comarcas del Nalón y del Caudal. Hoy se puede decir que las cuencas son BICs y monumentales y es que ocho de los diez concejos de estas zonas cuentan con elementos declarados Bien de Interés Cultural o Monumento Natural. En total, se contabilizan en la actualidad 42 protecciones, de las cuáles una veintena se declararon en la década de los 90 y otras 14 desde el año 2000. A día de hoy, la Dirección General de Patrimonio del Principado tiene otros tres expedientes en marcha de elementos de las cuencas que se considera son dignos de protección.Las figuras de protección, tanto Bien de Interés Cultural como Monumento Natural, suponen un importante reconocimiento puesto que sólo se catalogan así los bienes más relevantes del Patrimonio Cultural, además de estar en un régimen de protección y conservación elevado para garantizar su preservación en el tiempo. Pero también conlleva ganar en interés turístico, y es que estos bienes atraen en muchos casos el interés de los visitantes de las cuencas, que se rinden por centenares ante maravillas como la Ermita de Santa Cristina de Lena u otros elementos del patrimonio minero, como puede ser el pozo San Luis de La Nueva.Sin duda, la joya de la corona de las comarcas mineras es la Ermita de Santa Cristina de Lena, que fue declarada BIC un 24 de agosto de 1885, cuando las publicaciones aún se hacían en Gaceta. Unos meses antes se había aplicado la misma declaración a la Iglesia de San Miguel de Lillo, a la Iglesia de Santa María del Naranco o a la Colegiata de Nuestra Señora de Covadonga, en el ámbito regional, un ámbito en el que el primer Bien de Interés Cultural fue la Torre del Castillo de Llanes, cuya declaración se publicó en el citado medio el 13 de noviembre de 1876. Pero, volviendo a las cuencas, el podio de BICs más antiguos se completa con la iglesia de Santa Eulalia de Ujo (Mieres), declarada en junio de 1923 y la Iglesia Parroquial de San Juan de Llamas (Aller) en marzo de 1963.El concejo allerano es, precisamente, el primero que tuvo un mayor número de bienes de interés declarados. A la Iglesia de San Juan de Llamas (1963) se sumaron la Iglesia de Santibáñez de la Fuente del Río Mera (1972), la Iglesia Parroquial de San Féliz de El Pino (1973), el Castillo de Soto y entorno (1975) y la Iglesia de San Vicente de Serrapio (1983). En la actualidad, este concejo tiene en tramitación la declaración del Campo de la Iglesia vinculado a la Iglesia de San Juan de Santibáñez, cuyo expediente se incoó en septiembre de 2014. Además, Aller estará afectado también por la declaración de La Carisa y es que, según han explicado fuentes de la Consejería de Educación y Cultura, en la actualidad está incoado el expediente de la Ruta de la Plata, expediente que se ampliará para incluir La Carisa, que también coge territorio del vecino concejo de Lena. Por otro lado, el municipio de Aller cuenta con dos elementos catalogados como Monumento Natural: el tejo de Santibáñez de la Fuente (1995) y las Foces de El Pino (2001).En número de BICs gana Mieres. Este concejo tiene nueve elementos catalogados y uno en tramitación. Se trata del Poblado Minero de Bustiello. El marzo de este mismo año, el Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias autorizaba iniciar los trámites, aunque por el momento no se ha incoado el expediente para que el conjunto sea Bien de Interés Cultural. Por tanto, el último BIC que ha conseguido el municipio mierense fue el Pozo Santa Bárbara, a principios de 2010. Es decir, casi 90 años después de la declaración como BIC de la Iglesia de Santa Eulalia de Ujo (1923). Fue en 1995 cuando este concejo de la comarca del Caudal consiguió la mayoría de sus BICs. En el mismo mes de marzo de ese año se catalogó como tal el Palacio del Valletu, en Valdecuna; el Palacio del Vizconde de Heredia (Villarejo), el Palacio de Abajo, en Cenera; el Palacio de Arriba, en Cenera; la Casa Duró, en Mieres; y el Santuario de los Mártires Cosme y Damián, en Insierto. El Palacio del Marqués de Camposagrado, en Mieres, consiguió la declaración a mediados de 2004.El municipio cabecera de la comarca del Nalón, Langreo, es el siguiente que cuenta con más elementos en el listado de BICs de las cuencas. Al igual que Mieres, la mayoría se declararon en el año 1995: la Torre de La Quintana y la casa anexa; la Iglesia de San Esteban; el Asilo Hogar Virgen de El Carbayo y Capilla; y la Casa de los García Bernardo, todos ellos en Ciaño. De ese mismo año son también el Palacio de Camposagrado y la Torre de Villa, en Riaño. Tres años antes se había declarado la Ermita de Nuestra Señora del Carbayo, y ya en marzo de 2013 se catalogó como Bien de Interés Cultural el Pozo San Luis de La Nueva, que por estar enmarcado en el Ecomuseo del Valle de Samuño recibe miles de visitantes al cabo del año.Como se decía anteriormente, Lena es el municipio con el primer Bien de Interés Cultural declarado de las cuencas: la Ermita de Santa Cristina de Lena (1885), que un siglo después de su catalogación como BIC fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, siendo el único con tal referencia en las cuencas; y en 2009 se incluyó el entorno de protección de la iglesia también como BIC. La Iglesia de San Martino de Villallana entró en el listado en febrero de 1982, y en 2006 lo hizo la Casa de Vital Aza, en Pola de Lena; y la Casa Rectoral, Capilla y Puente, de la localidad lenense de Puente de Los Fierros.Morcín es el concejo que tiene el cuarto BIC más antiguo de las cuencas. Se trata de la Torre de Peñerudes, que fue declarada en marzo de 1965. En la década de los 90 se incluyó en el listado la Ermita de La Magdalena y la Ermita de Santiago, en El Monsacro (1992) y, posteriormente, en 2013 el Abrigo de Entrefoces y el Entorno de Protección de La Cueva de Entrefoces, en La Foz.Los tres concejos del Alto Nalón se reparten los cinco BICs que completan el listado y los tres elementos que son Monumento Natural. Dos y dos tiene el municipio de Caso. En 2006 y 2014, respectivamente, entraban en la lista de Bienes de Interés Cultural la Iglesia de Santa María de Tanes y la Iglesia de Santa Cruz La Real de Caleao; y en 2003 los monumentos naturales Cueva Deboyu y el Tabayón de Mongayo.El municipio lavianés logró sus tres BICs entre abril de 1994 y marzo de 1995, periodo en el que se declaró El Torreón de El Condado, la Iglesia de San Nicolás de Villoria y la Casona de Los Menéndez, en La Aldea.Por último, Sobrescobio cuenta con el Monumento Natural de la Ruta del Alba, que fue declarado en 2001 y es uno de los 39 que están distribuidos por la geografía asturiana y uno de los cinco que tienen las comarcas mineras.

Como se fai el Quesu d'Urbiés

Llograse de lleche crudo y entero de vaca. Asitiar en recipientes de boca ancha, d'unos diez llitros de capacidá y déxase en reposu, ensin añedir cuayo nin formientu.
Trescurríu un día retírase, con muncho curiáu, la nata, capa de grasa que llexa na superficie de la lleche y que se va emplegar na ellaboración de mantequilla o pa otros usos. Esti procesu repitir mientres cuatro o cinco díes. La lleche vase coagulando amodo de forma natural por acción de los mesmos microorganismos que la lleche yá contien.
La cuayada ruémpese, estrayer el sueru y ponse nunes bolses de filo a esmucir nun sitiu frescu y ventilado.
Al cabu de, aprosimao, una selmana toma la masa yá seco y asítiase nun recipiente de madera denomináu bacica y cúbrese con una gasa pa protexela de los insectos. En díes socesivos van añediéndose nueves cuayaes a esta bacica, entemeciendo y amasando bien pa llograr una masa uniforme. A la fin de cada unu de los agregos, la masa vuelve cubrir cola gasa y acútase.
Cuando s'algamaron los trés cuartes partes de la capacidá de la bacica añede la sal y amásase y amiestu bien empecipiándose'l procesu de madurecíu del quesu. Hai ellaboradores que realicen en saláu directamente na lleche de primeres del procesu.
El procesu de maduración dura ente seis y nueve meses y el  quesu permanez na bacica, remover cada diez o quince díes y de esta forma consiguir que maureza tou coles mesmes. Esto evita que se forme corteza y que los microorganismos que se depositen na superficie del quesu incorporar a la masa.
Al nun contener apenes grasa'l quesu non amarillea y pocu apoco va faciéndose cada vez más pastosu y d'aspeutu cada vez más nidiu de la que se va acentuando'l sabor. Tamién mientres esti procesu produz la degradación y destrucción de les proteínes de la lleche y que prácticamente nun esisten nesti quesu.
A la fin d'estos 6-9 meses el quesu va tar llistu. Cuanto más se tarde en consumir  va tener un  sabor más fuerte o picante.


Castellano
Se obtiene de leche cruda y entera de vaca. Se coloca en recipientes de boca ancha, de unos diez litros de capacidad y se deja en reposo, sin añadirle cuajo ni fermento.
Transcurrido un día se retira, con mucho cuidado, la nata, capa de grasa que flota en la superficie de la leche y que se empleará en la elaboración de mantequilla o para otros usos. Este proceso se repite  durante cuatro o cinco días. La leche se va coagulando lentamente de forma natural por acción de los propios microorganismos que la leche ya contiene.
La cuajada se rompe, se le extrae el suero y se pone en unas bolsas de hilo a escurrir en un sitio fresco y ventilado.
Al cabo de, aproximadamente, una semana se toma la masa ya seca y se coloca en un recipiente de madera denominado artesa y se cubre con una gasa para protegerla de los insectos. En días sucesivos se van añadiendo nuevas cuajadas a esta artesa, mezclando y amasando bien para lograr una masa uniforme. Al final de cada uno de los añadidos, la masa se vuelve a cubrir con la gasa y se reserva.
Cuando se han alcanzado las tres cuartas partes de la capacidad de la artesa se añade la sal y se amasa y mezcla bien iniciándose el proceso de madurado del queso. Hay elaboradores que realizan en salado directamente en la leche al principio del proceso.
El proceso de maduración dura entre seis y nueve meses y  el queso permanece en la artesa, removiéndolo cada diez o quince días y de esta forma conseguir que madure todo al mismo tiempo. Esto evita que se forme corteza y que los microorganismos que se depositan en la superficie del queso se incorporen a la masa.
Al no contener apenas grasa el queso no amarillea y poco apoco se va haciendo cada vez más pastoso y de aspecto cada vez más suave al tiempo que se va acentuando el sabor. También durante este proceso se produce la degradación y destrucción de las proteínas de la leche y que prácticamente no existen en este queso.
Al final de estos 6-9 meses el queso estará listo. Cuanto más se tarde en consumir  tendrá  un sabor más fuerte o picante.




Viaje sentimental al valle de Turón

Laudelino Vázquez 

En aquel entós empezó a cabriame la chancia tantes vegaes repitida de que la única solución para Turón yera asitiar la compuerta d'un banzáu en Figareo y anubrilo. Cabriábame tantu, qu'a cada «foriatu» que venía de visita, entamába-y el Tour Turón -valga la redundancia-, para demostrame y demostra-yos qu'había non solo, un rincón para la mio señardá sinón tamién un verdaderu mundu por afayar y para esfrutar:
Empezaba'l viaxe en Peñule, ende onde asitiaron un preciosu mapa de cerámica, qu'anuncia la entrada del Valle. Onde s'atopaba la ponte de Peñule, aprovechaba para amosar al viaxeru'l paséu y recorda-yos qu'antes yera vía pola que transitaben les máquines de vapor con aquellos coches de madera nos qu'inda viaxé dalguna vegada hasta La Cuadriella. Unu d'esos maquinistes, Bertier, yera un personaxe xenial, capaz con una xaronca de percusión, d'improvisar cualesquier coplilla sobre la marcha, solía parar la máquina y baxase a tomar un campanu» n'unu de los chigres próximos a la vía hasta que dalgún d'esos que tou lo faen pol to bien, decidió informar al capataz, d'apellíu Labrante, de tan sana costume. Cuando'l capataz afayó airáu, que del maquinista se ventilaba tranquilamente el «vasín», dirixir escontra él con ánimu de despidilo. Nesi momentu, y pa sorpresa de tolos presentes, Bertier violu, tiróse de rodíes y clamando escontra'l cielu recitó: «Madre que tas nel cielu / que tou lo sabes / que tou lo ves / Dime quien foi'l hijoputa, el cascante / Que-y dixo a Labrante / onde ta Bertier». Obviamente, el capataz abondo tuvo con aguantar la risa y salir con dignidá del chigre.
En La Cuadriella, esviábame colos mios turistes pa lleva-yos hasta la entrada de Santu Tomás, pa empezar col llau tráxicu del viaxe, porque Turón foi por sobre toles coses, mina. Y los que la conocimos sabemos que dio muncha vida, pero tamién traxo muncha muerte. En Santu Tomás, n'agostu de 1967 fueron once los mineros que perdieron la vida. Y la mula. Recordába-yos el datu, porque l'únicu superviviente foi'l mio vecín Valentín. Un rapazón orixinariu del conceyu d'Ayer, que pa tolos neños d'entós, convertir nuna especie de Supermán. Un héroe capaz de sobrevivir nuna traxedia na que morrió hasta la mula ¿De qué pasta taba fechu, de qué pasta faíen los homes, los mineros d'esi tiempu?
Llevábalos depués hasta Vegalafonte, pa escaecer la traxedia, y amosa-yos el camín que siguía cola mio mula pa partir el pan d'acaldía. Amosába-yos el chigre onde me paraba a comer y recordábalos cómo alcordé cola dueña, comer por venti duros porque «total, ye echar una cuchará más al cocíu». O siquier, eso dixo'l primer día, pero a los seis meses cuando lu anuncié que nun siguía col trabayu, miróme de riba abaxo, asegurándose qu'en mi se cumplió'l dichu «de lo muncho que los cuerpos pueden llegar a dar de sí» porque'l míu diera enforma, y espetóme aquello de «yo dicía que yera echar una cuchará más nel cocíu, pero hai-lu que come con garfilla, y eso son muches cucharaes» en clara referencia al mio vezu de comer los platos de cocíu de dos en dos y el compangu hasta que me lo quitar de la mesa.
Baxábamos depués la Rebaldana, segunda parada nel el mio itinerariu tráxicu, porque ellí, nel 61, matóse'l mio tíu Senén. Ellí trabayó'l mio padre hasta qu'un accidente brutal casi lu dexa inútil pa tola vida, y ellí anduvi colos rapazos de «Cuartu Mileniu» buscando una pantasma por non fae-y casu al paisanu del chigre qu'aportunaba en «que mira qu'hai pantasmes perhí y vais buscar al únicu que nun hai dios que lu tope». Parada nel castillete d'Espinos, y otra vuelta de rosca a la traxedia en Fortuna. Ellí onde un monumentu y un centru d'interpretación recuérdanos la barbarie, la degradación a la que puede llegar el ser humanu, en contraste cola capital del mio mundu máxicu que ta ende al llau: Villandio, el llugar nel que naciera si dexárenme escoyer. Ellí entá se sostien de milagru la casa na que viví, convertida en gallineru, col so suelu de tierra, la memoria de la mio madre colos calderos d'agua na cabeza, el paraísu nel que galopiar a llombu del gochu, que preferió estamparme contra la paré en llugar d'aceptar l'adomadura. Ellí «engañaba» a Gina y Carmen, los dos bendites tíes del mio padre que faíen como que me creíen cuando-yos dicía que «el médicu yá me quitar el réxime y diz que cocíu non, pero chorizu, tocín y morciella pueo comer lo que quiera» y claro, dábenme chorizu y tocín y morciella y depués dos selmanes de santa foria. Y sobremanera, ellí yera, onde esperaba al mio padre cuando volvía de la mina y xubíame en brazos y dábame el cachu de bocáu que guardaba de la mina, porque nada sabe tan bien como lo que vien de la mina. Y nada ye meyor que los brazos del to padre, porque entós, el mundu yera perfectu. Pa mi lo yera, y por eso escoyí ser de Villandio anque nun naciera ellí.
Inda había que xubir hasta'l Monumentu al Mineru, allá enriba en Urbiés, onde un día propúnxi-yos un plan al conceyal del ramu pa entamar una especie de percorríu oficial, empezar per meter a la xente dientro d'una vagoneta y amosa-yos nuna película lo que foi la mina, la Revolución del 34 única y nuesa para bien y pa mal, y entama-yos les rutes poles que los guerrilleros que creyeron na llibertá hasta'l final dexaron les sos vides. Y más munches más coses, pero toos tenemos de comer y entós a toos llevar a Casa Nando porque en nengún llugar cómese más, meyor, nin más baratu, y anque-yos avises qu'hai que dexar llugar al postre, nun se dan cuenta de la realidá hasta que tienen qu'enfrentase a los seis tipos de tarta, turonesa incluyida, y los borrachinos, y hasta les fieres que s'atreven col quesu de Urbiés, que los hai. Foi cuando empecé a pensar que si en toles escursiones, tol mundu salía encantáu de la visita al Valle de Turón, pa mi acabáronse convirtiendo en dalgún de los meyores momentos de la mio vida, asina que cada vez que llevaba visitante a percorrer el mio valle, al acabar, y por si yera la última vegada y nun había una nueva oportunidá, poníame a tararear pa dientro l'únicu cantar capaz de faeme llorar: Santa Bárbara Bendita. Quiciabes por tola xente que la mina llevóse, por tolos que fueron quedándose nel camín, polos qu'aguanten entá suañando con tiempos que nun van volver. Quiciabes porque Turón foi, ye y va ser per siempres la mina, y la mina ye como una muyer, como esa única muyer a la que nun vas poder dexar de querer pase lo que pase, teas onde teas, porque esa muyer y esa mina siempres dan más vida de la que quiten; quiciabes por eso mientres tarareaba «Santa Bárbara Bendita, tralaralara, tralará?» me empapizaba per fora enforma dacuando, otres un poco menos, pero siempres, d'ende adientro, d'esi sitiu que dicen que se llama alma, les llárimes calientes, enchiéndome, de tala manera, que toi seguro que si dalgún día, daquién fixera'l famosu banzáu con qu'amenacien soterrar el mio valle, ser atoparía cola sorpresa de que l'agua sería salada. Bien salada, porque sé que munchos, munchos, munchos, duel-yos el valle de Turón tanto como a mi.


Castellano
En aquel entonces comenzó a cabrearme la broma tantas veces repetida de que la única solución para Turón era colocar la compuerta de un pantano en Figaredo e inundarlo. Me cabreaba tanto, que a cada «foriatu» que venía de visita, le organizaba el Tour Turón -valga la redundancia-, para demostrarme y demostrarles que había no solo, un rincón para mi nostalgia sino también un verdadero mundo por descubrir y para disfrutar:
Empezaba el viaje en Peñule, ahí donde colocaron un precioso mapa de cerámica, que anuncia la entrada del Valle. Donde se encontraba el puente de Peñule, aprovechaba para mostrar al viajero el paseo y recordarles que antes era vía por la que transitaban las máquinas de vapor con aquellos coches de madera en los que todavía viajé alguna vez hasta La Cuadriella. Uno de esos maquinistas, Bertier, era un personaje genial, capaz con una rana de percusión, de improvisar cualquier coplilla sobre la marcha, solía parar la máquina y bajarse a tomar un «campanu» en uno de los chigres próximos a la vía hasta que alguno de esos que todo lo hacen por tu bien, decidió informar al capataz, de apellido Labrante, de tan sana costumbre. Cuando el capataz descubrió airado, que del maquinista se ventilaba tranquilamente el «vasín», se dirigió hacia él con ánimo de despedirlo. En ese momento, y para sorpresa de todos los presentes, Bertier le vio, se tiró de rodillas y clamando hacia el cielo recitó: «Madre que estás en el cielo / que todo lo sabes / que todo lo ves / Dime quien fue el hijoputa, el cascante / Que-y dijo a Labrante / onde está Bertier». Obviamente, el capataz bastante tuvo con aguantar la risa y salir con dignidad del chigre.
En La Cuadriella, me desviaba con mis turistas para llevarles hasta la entrada de Santo Tomás, para comenzar con el lado trágico del viaje, porque Turón ha sido por sobre todas las cosas, mina. Y los que la conocimos sabemos que dio mucha vida, pero también trajo mucha muerte. En Santo Tomás, en agosto de 1967 fueron once los mineros que perdieron la vida. Y la mula. Les recordaba el dato, porque el único superviviente fue mi vecino Valentín. Un rapazón originario del concejo de Aller, que para todos los niños de entonces, se convirtió en una especie de Supermán. Un héroe capaz de sobrevivir en una tragedia en la que murió hasta la mula ¿De qué pasta estaba hecho, de qué pasta se hacían los hombres, los mineros de ese tiempo?
Les llevaba luego hasta Vegalafonte, para olvidar la tragedia, y mostrarles el camino que seguía con mi mula para repartir el pan de cada día. Les mostraba el bar donde me paraba a comer y les recordaba cómo acordé con la dueña, comer por veinte duros porque «total, ye echar una cuchará más al cocido». O al menos, eso dijo el primer día, pero a los seis meses cuando le anuncié que no seguía con el trabajo, me miró de arriba abajo, asegurándose que en mí se había cumplido el dicho «de lo mucho que los cuerpos pueden llegar a dar de sí» porque el mío había dado mucho, y me espetó aquello de «yo decía que era echar una cuchará más en el cocido, pero hay-lu que come con garfilla, y eso son muches cucharaes» en clara referencia a mi hábito de comer los platos de cocido de dos en dos y el compango hasta que me lo quitaba de la mesa.
Bajábamos luego la Rebaldana, segunda parada en el mi itinerario trágico, porque allí, en el 61, se mató mi tío Senén. Allí trabajó mi padre hasta que un accidente brutal casi lo deja inútil de por vida, y allí anduve con los muchachos de «Cuarto Milenio» buscando un fantasma por no hacerle caso al paisano del chigre que insistía en «que mira que hay fantasmas por ahí y vais a buscar al únicu que no hay dios que lu tope». Parada en el castillete de Espinos, y otra vuelta de rosca a la tragedia en Fortuna. Allí donde un monumento y un centro de interpretación nos recuerda la barbarie, la degradación a la que puede llegar el ser humano, en contraste con la capital de mi mundo mágico que está ahí al lado: Villandio, el lugar en el que hubiera nacido si me hubiesen dejado elegir. Allí aún se sostiene de milagro la casa en la que viví, convertida en gallinero, con su suelo de tierra, la memoria de mi madre con los calderos de agua en la cabeza, el paraíso en el que galopar a lomo del gochu, que preferió estamparme contra la pared en lugar de aceptar la doma. Allí «engañaba» a Gina y Carmen, las dos benditas tías de mi padre que hacían como que me creían cuando les decía que «el médicu ya me quitó el régimen y diz que cocido no, pero chorizu, tocín y morcilla pueo comer lo que quiera» y claro, me daban chorizo y tocino y morcilla y luego dos semanas de santa diarrea. Y sobre todo, allí era, donde esperaba a mi padre cuando volvía de la mina y me subía en brazos y me daba el trozo de bocadillo que guardaba de la mina, porque nada sabe tan bien como lo que viene de la mina. Y nada es mejor que los brazos de tu padre, porque entonces, el mundo era perfecto. Para mí lo era, y por eso elegí ser de Villandio aunque no naciera allí.
Todavía había que subir hasta el Monumento al Mineru, allá arriba en Urbiés, donde un día les propuse un plan al concejal del ramo para organizar una especie de recorrido oficial, empezando por meter a la gente dentro de una vagoneta y mostrarles en una película lo que fue la mina, la Revolución del 34 única y nuestra para bien y para mal, y organizarles las rutas por las que los guerrilleros que creyeron en la libertad hasta el final dejaron sus vidas. Y más muchas más cosas, pero todos debemos comer y entonces a todos los llevé a Casa Nando porque en ningún lugar se come más, mejor, ni más barato, y aunque les avisas que hay que dejar lugar al postre, no se dan cuenta de la realidad hasta que tienen que enfrentarse a los seis tipos de tarta, turonesa incluida, y los borrachinos, y hasta los fieras que se atreven con el quesu de Urbiés, que los hay. Fue cuando empecé a pensar que si en todas las excursiones, todo el mundo salía encantado de la visita al Valle de Turón, para mí se acabaron convirtiendo en alguno de los mejores momentos de mi vida, así que cada vez que llevaba visitante a recorrer mi valle, al acabar, y por si era la última vez y no había una nueva oportunidad, me ponía a tararear para dentro la única canción capaz de hacerme llorar: Santa Bárbara Bendita. Quizás por toda la gente que la mina se llevó, por todos los que fueron quedándose en el camino, por los que resisten aún soñando con tiempos que no volverán. Quizá porque Turón fue, es y será por siempre la mina, y la mina es como una mujer, como esa única mujer a la que no podrás dejar de querer pase lo que pase, estés donde estés, porque esa mujer y esa mina siempre dan más vida de la que quitan; quizás por eso mientras tarareaba «Santa Bárbara Bendita, tralaralara, tralará?» me empapizaba por fuera mucho a veces, otras un poco menos, pero siempre, de ahí adentro, de ese sitio que dicen que se llama alma, las lágrimas calientes, desbordándome, de tal manera, que estoy seguro que si algún día, alguien hiciera el famoso pantano con que amenazan enterrar mi valle, ser encontraría con la sorpresa de que el agua sería salada. Muy salada, porque sé que muchos, muchos, muchos, les duele el valle de Turón tanto como a mí.

Laudelino Vázquez 


Cinco rutas inolvidables para disfrutar Asturias en familia


No es ningún secreto que Asturias es uno de los destinos estrella para el turismo familiar. La gran variedad de actividades al aire libre, sus míticas montañas, su deliciosa gastronomía, las irresistibles playas que bañan su costa y sus coloridos pueblos marineros sitúan al Principado en el punto de mira de muchos españoles para las próximas vacaciones.
Prepara la cámara de fotos, saca tus zapatillas de montaña y llena la cantimplora porque te proponemos a recorrer algunas de las rutas más espectaculares de Asturias en familia. No se nos ocurre un plan mejor para recuperar esa libertad de la que nos hemos visto privados durante los últimos meses. ¿Te apuntas?

Senda del Oso

Osos, rocas, vegetación y bonitos paisajes es lo que podemos encontrar en la Senda del Oso, una de las vías verdes más famosas de España. Sigue el trazado de un antiguo tren minero y en su camino atraviesa varios desfiladeros, puentes y hasta 30 túneles, pero lo que la convierte en una de las actividades favoritas para hacer en familia es su sencillo desnivel.
El descenso comienza en Entrago, el punto más alto del recorrido, y termina en Villanueva, un tranquilo pueblecito a orillas del río Trubia. A lo largo de la ruta se atraviesan cuatro concejos: Quirós, Santo Adriano, Proaza y Teverga, que forman la denominada comarca de los Valles del Oso. Además, esta zona es el refugio de una de las últimas poblaciones de oso pardo cantábrico.
Uno de los grandes alicientes de esta senda cicloturística es acercarse a la Casa del Oso para ver a Paca y Molina, dos osas en semilibertad rescatadas del monte por motivos de salud. Una experiencia inolvidable.

Desfiladero de Las Xanas

Esta ruta es considerada la hermana peque ña de la famosa Garganta del Cares, ya que es de menor recorrido que la reina del senderismo asturiano. Sin embargo, nada tiene que envidiarle en la belleza de sus paisajes.
El desfiladero de Las Xanas es el gran favorito de muchos excursionistas por varios motivos: congrega a menos visitantes que su hermana mayor y no exige una excelente condición física para llevarla a cabo. Además, debe su nombre a unas hadas de la mitología asturiana que vivían en los ríos y los bosques, por lo que la experiencia adquiere un cariz mágico irresistible para los más pequeños de la casa.
Es un itinerario lineal de 5 kilómetros excavado en la ladera de la montaña. Sin duda, un emocionante sendero que atraviesa saltos de agua, espesos bosques, desfiladeros y túneles que harán de esta experiencia toda una aventura familiar.

Museo Jurásico

¿Quién no siente curiosidad por los dinosaurios? Esos enormes reptiles que poblaron la Tierra en el Jurásico llaman la atención tanto de niños como de mayores. Es por ello que el Museo Jurásico de Asturias (MUJA) se convierte en una de las visitas favoritas de muchas familias.
El museo, que tiene forma de huella de dinosaurio, acoge una de las muestras más completas y fascinantes de Europa. Sus casi 2.500 metros cuadrados nos adentran en la forma de vida de estos fascinantes animales que poblaron la costa asturiana hace millones de años. Ubicado en la Rasa de San Telmo, el MUJA presume de unas excelentes vistas de la costa y de su paisaje jurárisco. Un lujo para la vista.

Ruta a la Olla de San Vicente

Una de las mayores recompensas después de una caminata es llegar a una poza de agua cristalina donde ponerte a remojo. Esto es posible en la ruta a la Olla de San Vicente, un sencillo recorrido de apenas una hora con premio al final. ¡Irresistible!
Este camino comienza en el último tramo del río Dobra, un pequeño torrente que nace en la vertiente leonesa de los Picos de Europa, y desemboca en el conocido río Sella. La sencillez del camino (es idónea para ir con niños, pero mejor olvidarse de los carros) y su buena señalización son las mejores cartas de presentación de esta atractiva ruta familiar.

La magia del Camín Encantau

Si te gustan las leyendas y las historias mitológicas, el Camín Encantau no puede faltar en tus planes por Asturias de este verano. Este mágico sendero discurre a través de los increíbles paisajes del valle de Ardisana y de la sierra del Cuera.
A lo largo de este sencillo camino circular de 10 kilómetros, es fácil encontrarse con figuras mitológicas talladas en madera como El hombre del saco, el Diablo burlón, el Nuberu, el Segador, El Cuélebre o la Castañera. Es la mejor forma de conocer con los niños la fascinante mitología del Principado.

De Fartures por Urbies


Si'l platu estrella de la gastronomía del Principáu ye la fabada, son munchos los que, sicasí, esfruten más con un bon pote asturianu. Los sos defensores alieguen qu'ésti, amás de llevar fabes y compangu (chorizu, morciella y llacón), inclúi berza, que lo fai más dixestivu. Vas Poder probalo en cualquier restorán del llugar.

Onde comer:  
L'Hotel - Restorán Ca Migio: Allugáu en Urbiés, n'alto del Gomial, enllaz natural de tres concejo esta rexentáu pol fíu de Migio, Luis Angel y na cocina la so madre Vitorina ye quien pon tol so saber al serviciu del visitante. Más de treinta año d'esperiencia respuenden por la excelencia d'esti restorán. Ellaboren cocina tradicional asturiana que se sirve nos sos dos amplios salones pudiendo atopar gran variedá en carnes (caza,corderu a la estaca,cabritu) y pexes. Pa los postres dende los más caseros hasta'l autentico quesu de Urbiés.Celebra'l 23 de febreru, (peracabo domingu del mes) la tradicional xornada gastronómica del Pote Asturianu. Mientres la mesma fai entrega a una persona que destacara pola so promoción, defensa, etc... del valle de Turón, del Pote d'Oru. 
Más información: http://www.casamigio.es .

Restorán Ca Nando: Rexentáu por Fernando y Berta, herederos de Nando y Pacita, que crearon el Restorán Casa Nando onde muncha xente tráilu formosos alcordances (día de la so boda) y la Pista Maria Carolina. Esta asitiáu nel centru de Urbiés, a lo poco d'entrar, na mesma carretera, según xubes a mano derecha. Cuenta con una carta bien variada de carnes y pexes y van faer de cualesquier comida una autentica fiesta. Exemplu de dellos platos: pote de castañes garbanzos con langostinos, ‘fabes’ con mariscu y con corzu y xabalín; cabritu o un lechazo; pixin o llinguáu rellenu. Gran variedá de postres caseros: casadielles, natilles, frisuelos y quesu de Urbiés.
Bon probecho.


Castellano:
Si el plato estrella de la gastronomía del Principado es la fabada, son muchos los que, sin embargo, disfrutan más con un buen pote asturiano. Sus defensores alegan que éste, además de llevar fabes y compango (chorizo, morcilla y lacón), incluye berza, que lo hace más digestivo. Podrás probarlo en cualquier restaurante del lugar.

Donde comer:  
El Hotel - Restaurante Casa Migio Ubicado en Urbiés, en Alto del Gomial, enlace natural de tres concejos esta regentado por el hijo de Migio, Luis Angel y en la cocina su madre Vitorina es quien pone todo su saber al servicio del visitante. Más de treinta años de experiencia avalan la excelencia de este restaurante. Elaboran cocina tradicional asturiana que se sirve en sus dos amplios salones pudiendo encontrar gran variedad en carnes (caza,cordero a la estaca,cabrito) y pescados. Para los postres desde los más caseros hasta el autentico queso de Urbiés. Celebra el 23 de febrero, (ultimo domingo del mes) la tradicional jornada gastronómica del Pote Asturiano. Durante la misma se hace entrega a una persona que haya destacado por su promoción, defensa, etc... del valle de Turón, del Pote de Oro. Más información: http://www.casamigio.es .


Restaurante Casa Nando Regentado por Fernando y Berta, herederos de Nando y Pacita, que crearon el Restaurante Casa Nando donde mucha gente le trae hermosos recuerdos (día de su boda) y la Pista Maria Carolina. Esta situado en el centro de Urbiés, a lo poco de entrar, en la misma carretera, según subes a mano derecha. Cuenta con una carta muy variada de carnes y pescados y harán de cualquier comida una autentica fiesta. Ejemplo de algunos platos: pote de castañas garbanzos con langostinos, ‘fabes’ con marisco y con corzo y jabalí; cabrito o un lechazo; pixin o lenguado relleno. Gran variedad de postres caseros: casadielles, natilles, frisuelos y queso de Urbiés.
Buen probecho.

El Museo de Cundi


David Montañés

En Urbiés, los vecinos arguyecer d'atesorar una parte sustancial del legáu cultural de Mieres. Esta localidá, que s'asoma como un atopadizu balcón al vieyu valle industrial de Turón, guarda ayalgues al traviés de los que perdura, por casu, l'enraigono a la ganadería tradicional y al primitivu trabayu nes mines. El problema ye que los ciclos peracábense confluyendo nel orixe. La civilización tamién paez agora estenase antes nos altores. Y ye que pela redolada de l'aldega llegaron a vivir va mediu sieglu xunas 4.000 persones. Güei el recuentu apenes llega a los 200 vecinos. Y con tou, munches de les vivencies atropáronse dando forma a un inesperáu muséu.
Secundino Rodríguez “Cundi” ye un mineru xubiláu. La so molición y apegu pola hestoria, xuníu al ciñu que siente por Urbiés, emburriólu fai unos trés años a arrexuntar distintos instrumentos, enseres, fotografíes ya información que tuvieren dalgún tipu de relación cola parroquia. N'adquiriendo una vieya casa y rehabilitala, güei l'inmueble lluz apináu de too tipu de ferramientes, útiles y preseos qu'un día fueron propiedá de vecinos de Urbiés. Nesta insospechada escoyeta pueden atopase texas dataes en 1864, centenarios instrumentos de llabranza ya infinidá de preseos que, en munchos casos, riquen de la esplicación de Secundino pa entender la so pasada función. Pero'l muséu amuesa otros oxetos más actuales. Ello ye que nuna estantería puede reparase la evolución de los teléfonos móviles dende les sos primeres versiones hasta les actuales. “La gracia ye que tolos oxetos fueron de vecinos de la zona que me los vencieron”, sorraya l'actual propietariu.
El cuidáu muséu al que “Cundi” dio forma en Urbiés puede visitase, anque nun s'anuncia nenyures. “Hai xente que s'avera preguntando y acaben atopándome”. Esti mierense nun se cansa d'amosar la esposición que da fe de la hestoria de Urbiés y, por tanto, del propiu conceyu. “Yo nunca cisqué nada. Cuando la xente del pueblu enterar de lo que taba faciendo, toos quixeron contribuyir”. Y asina foi tomando forma'l muséu.
Quien desconoza lo que ye una parigüela, un zurrón, la duerna o'l moscardu solo tien qu'averase a Urbiés y preguntar por “Cundi”. Esti exminero non solo arrexuntó una ingente cantidá d'oxetos, incluyendo la vieya siella de barberu del pueblu, sinón qu'hai documentado bona parte del patrimoniu etnográficu de la zona alta de Turón. Fotografió cada molín, cada fonte y cada llavaderu. “Anguaño entá hai en Urbiés 14 molinos. Dalgunos son auténtiques xoyes, pero polo xeneral tán n'avanzáu estáu de ruina”. Tocantes a los horros, perviven 66, al pie de 5 paneres. “El problema ye que tou s'abandona. N'unos años tou va sumir, yá que nun se curia. Por desgracia, les alministraciones, empezando pol Conceyu, solo alcuérdase de los pueblos pa cobranos impuestos”.
El muséu de “Cundi” creció tanto que parte del material tuvo que ser treslladáu a una cochera allegante. Los vecinos proponen que les vieyes escueles del pueblu, qu'Hunosa pretende baltar, puedan allugar una aula d'interpretación amestada a la colección: “Si les instalaciones refórmense afechiscamente, podríen allugar materiales de tamañu grande, como carros, que per espaciu nun tienen cabida nel actual muséu”, apunta Rodríguez.
Les antigües escueles de Urbiés tán bien deterioraes. Parte del techu yá venció y, de nun encetase una rehabilitación urxente, la estructura llueu se va esbarrumbar. Tres el so zarru como centru formativu, esti espaciu asumió mientres un tiempu les funciones de centru social. Los vecinos movilizáronse pa intentar da-y al inmueble una segunda vida. Ello ye que eso ye lo que s'escuerre polo xeneral en Urbiés: salvaguardar el fráxil legáu nel que pervive la esencia mesma de la comunidá

Castellano
En Urbiés, los vecinos se enorgullecen de atesorar una parte sustancial del legado cultural de Mieres. Esta localidad, que se asoma como un acogedor balcón al viejo valle industrial de Turón, guarda tesoros a través de los que perdura, por ejemplo, el arraigo a la ganadería tradicional y al primitivo trabajo en las minas. El problema es que los ciclos se consumen confluyendo en el origen. La civilización también parece ahora disiparse antes en las alturas. Y es que en los alrededores de la aldea llegaron a vivir hace medio siglo unas 4.000 personas. Hoy el recuento apenas llega a los 200 vecinos. Y con todo, muchas de las vivencias se han acumulado dando forma a un inesperado museo.
Secundino Rodríguez “Cundi” es un minero jubilado. Su inquietud y apego por la historia, unido al cariño que siente por Urbiés, le empujó hace unos tres años a recopilar diferentes utensilios, enseres, fotografías e información que tuvieran algún tipo de relación con la parroquia. Tras adquirir una vieja casa y rehabilitarla, hoy el inmueble luce repleto de todo tipo de herramientas, útiles e instrumentos que un día fueron propiedad de vecinos de Urbiés.

En esta insospechada recopilación pueden encontrarse tejas datadas en 1864, centenarios utensilios de labranza e infinidad de aperos que, en muchos casos, requieren de la explicación de Secundino para comprender su pasada función. Pero el museo muestra otros objetos más actuales. De hecho, en una estantería se puede observar la evolución de los teléfonos móviles desde sus primeras versiones hasta las actuales. “La gracia es que todos los objetos fueron de vecinos de la zona que me los han cedido”, subraya el actual propietario.

El cuidado museo al que “Cundi” ha dado forma en Urbiés puede visitarse, aunque no se anuncia en ningún sitio. “Hay gente que se acerca preguntando y acaban encontrándome”. Este mierense no se cansa de mostrar la exposición que da fe de la historia de Urbiés y, por tanto, del propio concejo. “Yo nunca pedí nada. Cuando la gente del pueblo se enteró de lo que estaba haciendo, todos quisieron contribuir”. Y así fue tomando forma el museo.

Quien desconozca lo que es una parihuela, un zurrón, la duerna o el moscardu solo tiene que acercarse a Urbiés y preguntar por “Cundi”. Este exminero no solo ha recopilado una ingente cantidad de objetos, incluyendo la vieja silla de barbero del pueblo, sino que ha documentado buena parte del patrimonio etnográfico de la zona alta de Turón. Ha fotografiado cada molino, cada fuente y cada lavadero. “Actualmente aún hay en Urbiés 14 molinos. Algunos son auténticas joyas, pero por lo general están en avanzado estado de ruina”. En cuanto a los hórreos, perviven 66, junto a 5 paneras. “El problema es que todo se abandona. En unos años todo desaparecerá, ya que no se cuida. Por desgracia, las administraciones, empezando por el Ayuntamiento, solo se acuerda de los pueblos para cobrarnos impuestos”.

El museo de “Cundi” ha crecido tanto que parte del material ha tenido que ser trasladado a una cochera contigua. Los vecinos proponen que las viejas escuelas del pueblo, que Hunosa pretende demoler, puedan albergar un aula de interpretación ligada a la colección: “Si las instalaciones se reforman adecuadamente, podrían albergar materiales de tamaño grande, como carros, que por espacio no tienen cabida en el actual museo”, apunta Rodríguez.

Las antiguas escuelas de Urbiés están muy deterioradas. Parte del techo ya ha cedido y, de no abordarse una rehabilitación urgente, la estructura pronto se desplomará. Tras su cierre como centro formativo, este espacio asumió durante un tiempo las funciones de centro social. Los vecinos se han movilizado para intentar darle al inmueble una segunda vida. De hecho, eso es lo que se persigue en general en Urbiés: salvaguardar el frágil legado en el que pervive la esencia misma de la comunidad

 

Turón en la mochila por Manuel Jesús López (Lito)

El valle de Turón, estrecho en alguna de sus partes, ha producido en siglo y medio de explotación minera, la increíble cantidad de ¡100 millones de tm de hulla bruta! Llegando a adquirir tal pujanza que su relevancia industrial trascendió allende el Pajares. Paralelamente, su población pasó de los 2000 habitantes de 1.890, cuando comienza el beneficio masivo de sus recursos minerales, a los 20000 en el año 1960, en el que alcanza su techo demográfico. El elemento humano del que se nutre el Valle, está formado por los propios nativos y por otros individuos resultantes de la fusión de aquellos con emigrantes procedentes de los más variados lugares de la península, fundamentalmente de Castilla y Galicia. Eran jóvenes que venían en busca de un dinero rápido y seguro que ofrecía el trabajo de la mina, huyendo de la miseria secular que proporcionaba la vida campesina.
Quizás este conglomerado (angostura geográfica y grandeza económica) haya formado una mezcla química en la mente de esta gran familia turonesa, otorgando ciertas peculiaridades a su personalidad. Por eso se ha llegado a decir que el valle de Turón constituye una unidad independiente de Mieres, no sólo en lo geográfico sino también en la conciencia de sus habitantes. Pues bien es verdad que no existe un solo turones que no sienta el Valle como propio, viva en Turón o fuera de él. Si está próximo se maravilla al descubrir nuevos rincones sin explorar de sus montes y poblados... mientras que desde la lejanía, añora encontrar una ocasión para regresar a sus orígenes, testigos de las vivencias de su infancia y juventud, un tiempo y unos años que suelen ser los más felices de todo ser humano. Ansia recorrer los caminos que serpentean por las laderas y conducen a Misiego o Carcarosa, L' Agueria o El Colleu. Sendas milenarias donde una cuneta, unos guijarros, una "portiella" de acceso a un prado que fue de sus padres o de un vecino próximo, trae a su memoria tantos y tantos recuerdos... Quiere volver para atiborrar de oxígeno sus pulmones en las calzadas que llevan al monte Polio donde la vista se recrea con panorámicas impresionantes: a "La Campa les abeyes", a "La Colladiella" o al bosque del Navaliego, hasta el verano siguiente en que retornará ¡claro que sí! siempre que su salud se lo permita.

El Valle de Turón se merece un respeto y una especial atención en honor a su pasado, pero hasta ahora su brillante crónica, ha sido pisoteada e ignorada reiteradamente. Los actuales regidores han vuelto sus espaldas a la historia de un territorio que ha sido heroica y plagada de sacrificios y vidas, y para acabar con ese desagravio precisa con urgencia un lavado de cara que le permita coger el tren de la modernidad, al igual que se afanan en conseguir, sin ir más lejos, todos los territorios de su entorno inmediato, siendo de capital importancia para asentar población en la zona y evitar así, la continua regresión demográfica qué está repercutiendo negativamente en otros sectores desde hace tiempo (escolar, hostelero, etc).

Manuel Jesús López Gonzalez (Lito)